Todos nos cruzamos alguna vez con alguien que levanta las cejas sin razón aparente o que hace una mueca con la boca, y nunca faltan los que hacen crujir los nudillos como si nada. “Los tics fueron considerados durante mucho tiempo como enfermedades psicológicas porque se partía de una premisa equivocada. En realidad, son una enfermedad provocada por un mal funcionamiento cerebral”, explica, categórico, Marcelo Merello, codirector de la sección de Movimientos Anormales del departamento de Neurociencias de FLENI. En materia de tics, hay casi para todos los gustos y, mientras los padres creen que se podría tratar de una mala costumbre, los especialistas no se ponen de acuerdo con qué tratamiento recomendar.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de un tic? Para salir de dudas, nada mejor que consultar a los que saben. Merello explica que “son movimientos complejos, rápidos, súbitos, impredecibles, sin propósito y de intensidad variable, que pueden ser motores, fónicos, o una combinación de ambos”. Y hay más datos: Suelen tener un pico a los cinco años de edad, se dividen en simples o complejos, se recomienda prestar atención si duran más de un año y pueden hacer una “pausa”. El neurólogo de FLENI lo explica en detalle: “Puede existir cierta contención por parte de la persona ticosa. Pero eso demanda un gran esfuerzo y se logra por un tiempo determinado. Cuando resurge el tic, lo hace con mayor fuerza.”

Una recorrida por la ciudad (con la mirada atenta) deja ver que cada vez hay más gente con algún movimiento facial involuntario. Sin embargo, hay que tener claro que los tics pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo, como los hombros, las manos, las piernas, o la garganta. Hugo Pisanelli, presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA), enumera las posibilidades. “Los más frecuentes son el parpadeo involuntario, cerrado de ojos a repetición, temblor de la mandíbula. Los mismos no son actos involuntarios sino sintomáticos. Hay también algunos tics voluntarios (costumbres) como por ejemplo acariciarse la barba, enrularse el cabello, mover la pierna”, explicó.

En este punto, la pregunta conflictiva es ¿por qué surgen? Los psicoterapeutas hablan de conflictos no resueltos o de un complejo de Edipo no procesado. “El tic es un indicador, se produce cuando el cuerpo está “ocupado” por el psiquismo y paradojalmente el cuerpo se adueña de lo simbólico. Es un síntoma emergente del conflicto”, dijo Carlos Rozensztroch, miembro de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APDEBA). Desde la vereda contraria al psicoanálisis, se habla de algunos remedios, enfermedades neurológicas o infecciones como encefalitis. Otros desórdenes genéticos y metabólicos también pueden relacionarse con los tics.

Ahora bien, la pregunta del millón es si se cura o no. Merello dijo: “Es raro que consulten los chicos, sobre quienes hay mayor incidencia, ya que no les molesta. Suelen consultar los padres porque los pone nerviosos ver a los hijos… Muchos se curan pero lo hacen de modo espontáneo”. Sin embargo, Rozenstroch aseguró que había logrado que algunos pacientes dejaran de lado su tic después de tres años de terapia. Vale aclarar que hasta ahora nos dedicamos a los casos leves. Al margen de las diferencias, todos coinciden en encender una luz de alerta cuando están frente al síndrome de Tourette (ST). Acá hay que ponerse más serios porque es una enfermedad neurológica caracterizada por tics motores y vocales repetitivos, involuntarios que persisten en el tiempo. Desde una perspectiva más global, el psiquiatra Juan Manuel Bulacio, director del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (ICAAp), dijo: “El tratamiento debe ser famarcológico, neuropsicológico y también hay que trabajar sobre el medio y la familia. Hay que lograr una reeducación cognitiva”. En los Estados Unidos, la Asociación del Síndrome de Tourette (TSA) asegura que “es un desorden neurológico que se vuelve evidente en la niñez y adolescencia entre los 2 y 15 años de edad”. En sitio de Internet, la TSA agrega que todas las escuelas estadounidenses tienen, al menos, un niño con ST. En algunos casos, las personas que lo padecen pueden decir o hacer obscenidades involuntariamente (coprolalia) o repetir palabras dichas por otros de modo constante (ecolalia). Para estos casos, se recetan desde remedios usados para tratar Parkinson hasta antihipertensivos.

Aunque en el país del norte están investigando este tema, lo cierto es que aún no recomiendan un tratamiento en especial. El Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Apoplejía (NINDS) explica que hay remedios contra el ST pero que se recetan cuando los síntomas interfieren con el normal funcionamiento. Pero, aclara: “No hay una sola medicación que ayude a toda la gente con ST, ninguna medicación elimina completamente los síntomas”.

Fuente: http://www.clarin.com/diario/2005/08/31/conexiones/t-1043563.htm